Mi origenEl árabe es mi lengua materna, no una asignatura que estudié.
Crecí escuchando y hablando árabe todos los días: en casa, en la calle, en las conversaciones largas de familia. Esa relación cotidiana con la lengua es la que traigo a clase: sonidos reales, expresiones vivas y el contexto cultural que hay detrás de cada palabra.
Mi llegada a ChileEn Santiago descubrí cuánta gente quiere aprender árabe.
Vivir en Chile me obligó a aprender el español desde dentro: su ritmo, sus sonidos, sus modismos. Al enseñar empecé a notar cuáles son exactamente las letras, los sonidos y las estructuras que le cuestan a un hispanohablante, y a explicarlos comparando ambos idiomas en lugar de traducir un manual pensado para otro público.
Por qué enseñoEnseñar árabe es abrir conversaciones que estaban cerradas.
Muchos de mis estudiantes llegan buscando algo concreto: hablar con su familia, leer un texto, viajar, trabajar o recuperar el idioma de sus abuelos. Enseñar es acompañar ese objetivo hasta que la lengua se vuelve usable, no un examen aprobado.
Mi experienciaEnseño, traduzco e interpreto entre el árabe y el español.
Además de las clases, trabajo como traductor e intérprete árabe ⇄ español. Ese trabajo mantiene mi enseñanza pegada al uso real del idioma: el que aparece en una reunión, en un documento o en una conversación difícil que hay que resolver en el momento.